17/1/11

Política

O el arte de distraer a la humanidad.

En efecto, de distraer. La sociedad tiende por natura a sobrevivir, y para ello requiere de personas alienadas, de personas incapaces de ver los errores en la base del sistema y de criticarla o destruirla, por tanto.

Una de las mayores expresiones de esta necesidad es, sin duda, la política.

Nos consideramos a nosotros mismos como los soberanos del planeta, como poseedores de un gran poder. Y nos divierte repartírnoslo. Como cometemos errores, consideramos que debe existir una organización que los minimice, que nos permita actuar de una manera más perfecta. Y sin embargo, esos errores nacen a su vez de la sociedad, haciendo nuestros intentos vanos, inútiles.

La política más perfecta, es aquella que no se necesita. La perfección en el mundo es crear una sociedad nueva, de 0, tomando de este mundo solo aquello que vaya a resultar realmente útil. Y no debe organizarse nada según ninguna política.

Bien es cierto, eso sí, que para maximizar nuestra eficiencia, el mundo se organizará por sí mismo. Se crearán estructuras, interconexiones espontáneas, para favorezcan el intercambio de información. Pero no como hoy en día, no por imposición, no con castigos. Solamente como herramientas.

Y que no se nos olvide, será una "política" espontánea.Antes, habrá que eliminar nuestro error de base, sino nuestra creación jamás será perfecta. Y nos jugamos mucho: la supervivencia.

13/1/11

Educación 4: La actual

He decidido dar una serie de ejemplos de lo que considero que está siendo la educación actual, de qué está haciendo la sociedad para condicionar a sus gentes.

Caso 1:

Albertito sale a la calle, y ve un gato. Se acerca con curiosidad. Otro niño, apenas un par de años mayor que él, se acerca y lanza una piedra contra el gato. Este sale huyendo despavorido. Albertito, pocos años después, repetirá esta escena delante de otra persona, manteniendo el círculo.

La sociedad funciona por imitación. No existe ningún instinto trascendental que nos invite a imitar, ni ningún Dios que nos obligue a ello. Simplemente, existe un espectador externo, que quiere conocer el mundo, por supervivencia, y que observa como otra persona, convencida de si misma, realiza una cierta acción para lograr un cierto resultado. Así pues, el espectador querrá investigar el caso, su trascendencia, repitiéndolo y observándolo desde una perspectiva más cercana. Seguramente, al tiempo, se canse y decida que es una acción inútil, sin interés.

El daño, sin embargo, ya está hecho. Algún otro observador le habrá visto, y repetirá también la acción, creando una acción inútil, pero repetida en el tiempo.

Caso 2:


Al poco, la madre de Albertito aparece para recriminar a su hijo la acción cometida, que ha observado desde lejos. A ella su madre le explicó que los animalitos también tienen alma, que son criaturas de dios, y que no es correcto hacerles daño. Albertito no comprende para nada esta frase, pero decide que, dada la autoridad materna, dado que ella siempre ha tenido razón y lleva mucho más tiempo que él en la tierra, le hará caso.

Como siempre, además, creemos suficiente la autoridad de la edad. Creemos que aquél que lleva más tiempo que nosotros aquí, habrá de saber más que nosotros del mundo. Sin embargo, aquí surge un pequeño problema. Cuando hablamos de circuitos eléctricos, o de neuronas, que no fallan, es lógico que unas no duden de la veracidad de las demás. En cambio, entre humanos, que fallamos, deberíamos ser capaces de replantearnos si nuestro sistema es correcto.

Todo el mundo, o casi, comparte la opinión de la madre de Albertito. Así que jamás tendrá una razón para discutirla o intentar comprenderla. Nunca llegará a replanteársela, y pasará a formar parte de ese grupo de personas que comparten esa opinión. Sea cierta o falsa, nunca lograremos derribarla, si no hay alguien que intente descubrir, por si mismo, su veracidad.


Caso 3:

Albertito ha crecido. Es ya una persona normal, un individuo integrado en la sociedad. Disfruta de su vida emotiva, busca novia, ha pasado ya por varios procesos amorosos. En general, es feliz.


Sobre todo, comprende el mundo. El envía una señal, y el mundo siempre responde de la manera esperada. Su sistema funciona a la perfección. Ahora ya no tiene ninguna razón para replantearse nada serio, y puede dedicarse a pensar a partir de la base que le han dado, de una serie de ideas que todo el mundo comparte. Varios millones de personas, y varios miles de años, las abalan. Nunca nadie ha necesitado replanteárselas en serio, así que habrá de ser cierto.

El mayor problema es que no existe una referencia externa. No podemos ver a nadie que no dependa de este sistema, así que no nos atrevemos a replanteárnoslo. No hay necesidad, no hay razones. El propio sistema nos proporciona no solo herramientas con las que cambiar el mundo, sino que además nos da explicaciones coherentes cuando estas fallan. Coherentes con el propio sistema, al menos.

Los niños pueden replantearse las cosas. Los adultos están demasiado metidos, para ellos es demasiado complejo. Han construido demasiado en este mundo como para permitir que una duda lo destruya todo. Han sido satisfactoriamente educados.

Sin embargo, si todas estas ideas fuesen erróneas de base, el sistema se mantendría igual. Si todos forman parte del sistema, y consideramos prueba suficiente el propio hecho de que todos formen parte del sistema, podemos sostener absolutamente cualquier sistema. Es un argumento cíclico, virtualmente imparable. Podemos crear la ilusión de que todo funciona, ya que cada vez que emitimos una señal, hay ahí alguien dispuesto a responderla en función de lo que la sociedad exige. La sociedad habla, y la sociedad responde. Jamás podría haber así una falla en el sistema. Aquellos que vean más, que ser replanteen el sistema, podrán ser asociados al término enfermedad, serán considerados peligrosos, y por tanto serán eliminados o ignorados.


Reflexión:
 
Albertito será feliz, y nunca tendrá la necesidad de plantearse nada. Miles de hechos a lo largo de su vida le han formado, hasta ser parte de la sociedad. Sin embargo, habrá gente que piense un poco más. Tarde o temprano, alguien tendrá que replantearse la veracidad de estas ideas.

Porque hoy día funcionan, dentro de nuestro paraíso particular. Pero existe el exterior, y al exterior le da lo mismo nuestra sociedad. La ciencia es el único lenguaje verdaderamente universal. La única manera de que realmente podamos entendernos con el universo, fuera de nuestra burbuja.

Aprendamos a hablar en ciencia, por favor. Es nuestra esperanza de salvación.

12/1/11

Arte

Bueno, otro tema controvertido.

Tengo que reconocer que he pasado mucho tiempo en los rincones del arte, que es una de las cosas que me ha mantenido unido a la sociedad hasta el momento. Sin embargo, es, a la vez, uno de los mayores enemigos a destruir para que logremos alcanzar una sociedad completa y sana.

¿Por qué? Bueno, en realidad es simple. El arte es la creación de información virtual, fantástica, basada en los sentimientos. Es un engaño doble, y una poderosa herramienta para mantener con vida la vieja sociedad.

Cuando se realiza una obra de arte, básicamente estamos generando información. Esto puede parecer bueno, a la vista de que el hombre se basa en información, se desarrolla a través de esta. Sin embargo, el arte crea información falsa. Decir falsa, es tanto como decir inútil. Esta información, además, se forma a partir de los sentimientos: el impulso emocional es el principal motor del arte. Sentimientos que, ya de por sí, constituyen información falsa, son un gran peligro para el mundo.

El arte, así pues, se consolida como una herramienta al servicio de los sentimientos, como una alternativa que nos ofrece el mundo al pensamiento racional, como una manera de distraernos, de engañarnos, de evitar que podamos pensar más allá de sus fronteras. Es una herramienta de homogeneización, una manera de que, cada vez que nos asalta un tiempo sin objetivos concreto, que pudiéramos emplear para pensar por nosotros mismos y romper nuestras cadenas emocionales, tengamos siempre una alternativa social, una imaginación inútil que nos evite de pensar con claridad. Que incluso apoye y reafirme las mentiras que configuran nuestras mentes.


Plantéatelo la próxima vez que asistas a un fenómeno artístico: ¿De qué me sirve? ¿No será acaso como el circo de los romanos, una distracción a nuestros sentidos, a nuestra verdadera capacidad?

¿No será aquello que más nos limita como personas?


La era del arte debe llegar a su fin. Debemos ser fuertes, debemos rebelarnos contra la mentira.

11/1/11

Drogas

Hoy en día se considera como droga toda aquella sustancia capaz de alterar el funcionamiento del cuerpo humano, en especial del cerebro.

Estamos hablando de compuestos químicos capaces de "jugar" con las proporciones y localizaciones de neurotransmisores en el cerebro. Capaces de incrementar sus cantidades para lograr una mayor potencia cerebral o de reducirlas para adormecer la mente.

Se trata de algo simplemente fascinante, una verdadera revolución. Y sin embargo, para nosotros constituye un terrible peligro, algo nocivo y perjudicial.

La razón es simple. Somos mentes muy imperfectas, muy inestables. Estamos configurados para cometer errores, lo consideramos algo natural, por triste que sea. Estamos habituados a ello. De repente, tenemos la capacidad de cometer en un segundo miles de errores más, así como miles de aciertos.

A causa de nuestra terrible educación, la propia acción de drogarnos, de ingerir estas sustancias, crea una fuerte inestabilidad y nos destroza internamente. El resultado adquiere un desarrollo exponencial, dada la habilidad de las drogas para multiplicar la cantidad de pensamientos que podemos tener. Eso sin tener en cuenta que son los sentimientos los que llevan el control, los que decidirán en qué vamos a consumir esos ciclos de reloj.

El resultado es, habitualmente, temible. O bien nuestra mente, nuestra consciencia, es incapaz de aprovechar las nuevas capacidades (cuestión de control, de arquitectura, no de potencia), o bien las aprovecha creando monstruos invisibles, a partir de las fantasías con las que la sociedad nos alimenta. En general, se bloquea. Nada que decir respecto a las drogas que reducen la capacidad del pensamiento, son un caso aparte.

Si fuésemos racionales, si fuésemos capaces de dominarnos, si no dependiésemos de los volubles e ineficaces sentimientos, las drogas se convertirían en una potente herramienta. Un cerebro perfecto no comete errores. Puede ser más o menos ineficiente, más o menos rápido, pero llega siempre, tarde o temprano, a buen puerto. El mejor ordenador y el peor cometen los mismos errores, sean hiper rápidos o super lentos. La diferencia es solo la velocidad con la que los cometen.

Los errores, nacen de los programas, del software.

Siempre (casi).



En resumen, temed las drogas, porque son destructivas para el cerebro imperfecto, sentimental. Pero no olvidéis su ciencia. Porque el día de mañana nos serán francamente útiles.

5/1/11

Estética

Esta es una buena prueba de como de jodido está el mundo actualmente. La obsesión por la estética.

La estética, en un mundo libre, en un mundo real, lógico, debería ser solo una herramienta. Un anticipo de información visual para con nuestros interlocutores. Debería significar "Estoy trabajando, espera un rato" o "Mi trabajo es X, ¿me requieres?". Cosas útiles, cosas lógicas y razonables. No hay que tener miedo a alterarla, si es para proporcionar información útil.

Sin embargo, hoy día, se emplea para transmitir información acerca de los sentimientos de una persona. Bueno, es información, no pondré el grito en el cielo por ello. Pero además, información imprecisa, información errónea. Esto, en mi opinión, es simplemente inaceptable.

Dada la "naturaleza mística" de estos sentimientos, estamos dando por hecho que el aspecto físico supone, en el mejor de los casos, un vehículo para la expresión de estos. En el peor, puede expresar cualquier cosa, incluso la contraria. Y por tanto, nos vemos en la obligación de "juzgar por el interior", de omitir esta información. No estamos en condiciones de omitir información, señores. Es nuestro mayor valor.

Y al mismo tiempo que promulgamos este interiorismo, nos obsesionamos porque nuestra estética cumpla cánones absurdos. No porque transmita información, no porque sea útil, sino para que "quede bonito".

En resumen: A la vez le damos una importancia excesiva, nos obsesionamos por ella, y despreciamos su verdadera utilidad. Esa es nuestra postura actual hacia la estética.

Simplemente, triste.